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Lun, 15 agosto, 2022
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El impacto de 5G y el mundo conectado en la sustentabilidad

  • Un nuevo estudio de Accenture muestra que esta red tendrá un importante impacto en el medioambiente, ante el explosivo aumento de dispositivos conectados. Según el informe, sólo con la modificación de los modelos de negocio para la recuperación de productos llevaría a las empresas a un ahorro de costos de hasta el 35% y a un 45% de reducción de las emisiones de CO2.

Santiago, Chile. 30 marzo, 2022. Un nuevo estudio de Accenture muestra que el valor de los activos mundiales de sostenibilidad supera los US$ 220.000 millones, por lo que, invertir en sostenibilidad no solo es moralmente responsable, sino también financieramente inteligente. En la próxima década, la sostenibilidad y la transformación digital se perfilan como los dos motores que impulsarán el crecimiento de las organizaciones en todos los sectores. Y, en este contexto, es clave reconocer el impacto medioambiental que tienen las nuevas tecnologías y cómo abordarlos.

El reporte detalla que 5G proporciona una conectividad de próxima generación a través de dispositivos inalámbricos. El estándar se diseñó pensando en el IoT, proporcionando mejoras significativas en la velocidad, la densidad de conexión y latencia de las comunicaciones. Estas capacidades prepararán el camino para casos de uso totalmente nuevos, desde vehículos autónomos hasta redes eléctricas inteligentes y experiencias de realidad aumentada en comercios.

De acuerdo con el informe, a medida que se utilicen más dispositivos en los hogares, los vehículos, fábricas y almacenes, el impacto medioambiental de la tecnología 5G se intensificará. El uso global de energía se disparará. Y las capacidades mejoradas de cada nueva entrada en el mercado no hará más que aumentar la demanda global de dispositivos electrónicos, agravando aún más el problema.
En segundo lugar, está el IoT. Aunque muchos dispositivos del IoT están diseñados para reducir el consumo de energía, cualquier ahorro a nivel de unidad se verá anulado por el gran número de cosas conectadas. De hecho, la energía de los 50.000 millones de nuevos dispositivos IoT que se espera que se produzcan y utilicen tendrá un importante impacto medioambiental. Además, una variedad de metales especiales, como el tungsteno y el cobalto, se utilizan en los dispositivos de la IO. Es extremadamente difícil reciclar o recuperar estos materiales, lo que supone una barrera más para prácticas sostenibles. Es urgente avanzar en estrategias para impulsar una fabricación más sostenible.

En tercer lugar, está blockchain, la cual aprovecha los chips semiconductores que se encuentran en el corazón de los equipos de red 5G y los dispositivos IoT, los teléfonos móviles y los centros de datos que los utilizan. La fabricación de semiconductores tiene una enorme huella de carbono, desde los procesos de minería de extracción y refinamiento de los materiales de los componentes hasta los pasos de fabricación de los chips. Los semiconductores requieren muchos recursos. Una sola fábrica de semiconductores puede consumir 1 TWh de energía al año y de dos a cuatro millones de galones de agua ultrapura al día. Para poner esto en contexto, las emisiones de carbono durante la vida útil de un teléfono inteligente equivalen a las de un vehículo que recorre aproximadamente 320 km, y hay casi 8.000 millones de teléfonos móviles en uso hoy en día.

Las soluciones

Estas nuevas tecnologías plantean importantes problemas de sostenibilidad. El reporte de Accenture afirma que, para adelantarse, las empresas deben centrar sus esfuerzos en tres áreas clave. Primero, optimizar el uso de los recursos de la nube; segundo, impulsar la transición a los edificios inteligentes y, finalmente, mejorar el diseño y el procesamiento de los semiconductores.

El primer paso para lograr la sostenibilidad es evolucionar de los centros de datos tradicionales, que duplican las necesidades energéticas de las empresas. Nicolás Goldstein, presidente ejecutivo de Accenture Chile, explicó que “la nube permite hoy optimizar el uso de la energía. Actualmente, las empresas pueden diseñar soluciones que reducen las emisiones de carbono y sientan las bases para una innovación responsable. Permite establecer una línea de base del consumo energético del centro de datos existente, los requisitos informáticos y los objetivos de sostenibilidad. Luego se aplica algoritmos propios para cuantificar la «ecología» de las posibles opciones de soluciones en la nube, basándose en información respecto de los objetivos de emisiones de carbono de los proveedores de servicios en la nube, su ubicación, sus fuentes de energía y su disposición a la transición a la energía limpia”.

En cuanto a los edificios inteligentes, en la actualidad, el consumo total de energía de los edificios residenciales y comerciales representa el 20% del consumo mundial y aproximadamente dos tercios de los metros cuadrados de edificios que existen hoy en día seguirán en uso en 2050. Para cumplir los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero las instalaciones de todo el mundo tendrán que transformarse en edificios inteligentes de alta eficiencia.

Nicolás Goldstein explicó que “los edificios inteligentes utilizan procesos automatizados para controlar las operaciones, como la climatización, iluminación, seguridad, etc. Un edificio inteligente recopila datos operativos y de estado de una red de sensores inteligentes, ejecutando análisis para identificar los problemas y gestionar el edificio de acuerdo con las funciones y servicios de la empresa. Esta infraestructura ayuda a los propietarios, operadores y gestores de instalaciones a mejorar la fiabilidad y el rendimiento de los activos. El enfoque reduce el consumo de energía, optimiza la utilización del espacio y minimiza el impacto medioambiental de los edificios”.

Finalmente, está la manufacturación inteligente. La fabricación de semiconductores es un proceso complejo, exigente y altamente automatizado que modela docenas o incluso cientos de dispositivos. Como resultado, incluso los pequeños problemas del proceso pueden diezmar el rendimiento y el tiempo de inactividad no programado pueden costar millones de dólares por hora. A esto hay que añadir los problemas de sostenibilidad ya mencionados, así como el uso de materiales caros y a menudo tóxicos.

Nicolás Goldstein destacó que “con el crecimiento del IoT y la disponibilidad generalizada de la IA y el aprendizaje automático, los fabricantes de semiconductores tienen por fin las herramientas necesarias para dominar la sobrecarga de datos y lograr altos niveles de innovación, rendimiento y mejora al mismo tiempo”.

El experto detalló que “la fabricación inteligente utiliza la simulación para probar opciones y optimizar procesos y resultados de producción. También integra la planificación y programación de la fabricación y la producción para proporcionar una visibilidad detallada de toda la planta. Además, combina los datos de los sensores y otros dispositivos equipados con IoT para extraer la información y actuales, así como predicciones futuras. Las empresas pueden analizar el registro histórico y los datos de estado actuales para implementar programas de mantenimiento predictivo, identificando los defectos en desarrollo mucho antes de que se produzcan los fallos para evitar el tiempo de inactividad no programado”.

Hacia la economía circular

Cada año se acumulan más de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo y las materias primas tienen un valor estimado de US$ 60.000 millones. El actual modelo lineal (fabricar, usar, desechar, reciclar) es inadecuado para hacer frente incluso a los niveles actuales de residuos electrónicos, lo que sólo aumentará con el avance de 5G y el IoT.

Nicolás Goldstein concluyó que “la solución es adoptar un modelo circular. En lugar de reciclar a posteriori, las empresas deben en cuenta la sostenibilidad desde el principio. El diseño de productos para su reutilización, reventa, reparación, reacondicionamiento y remanufacturación puede aumentar el beneficio operativo de una empresa en un 16%. Así también, la modificación de los modelos de negocio para la recuperación de productos puede suponer un ahorro de costos de hasta el 35% y un 45% de reducción de las emisiones de CO2”.

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