Durante la pandemia, una ola de crímenes digitales ha inundado Internet

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  • El apuro por trabajar a distancia ha superado a la ciberseguridad.

Nueva York, EE.UU. 28 agosto, 2020. Hacia donde vayan los mercados legales, inevitablemente los criminales los siguen. En el crimen, como en la actividad económica legítima, la pandemia ha fomentado un auge en la Internet. El Centro de Denuncias de Delitos en Internet de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de los Estados Unidos informa de que, en junio, la delincuencia digital diaria había aumentado en un 75% desde el inicio de las cuarentenas, y que el número de denuncias recibidas en 2020 casi había superado el total de 2019. En un nuevo informe, la Interpol, un órgano policial internacional, corrobora estas conclusiones, siguiendo la misma tendencia en todos los países miembros. “Los ciberdelincuentes están desarrollando y potenciando sus ataques a un ritmo alarmante”, según Jürgen Stock, su secretario general, “explotando el miedo y la incertidumbre causados por la inestable situación social y económica creada por el covid-19”.

Este aumento ha sido impulsado por un cambio dramático en la actividad económica que se ha volcado masivamente hacia la Internet  debido a las limitaciones impuestas por las cuarentenas y el distanciamiento social. Según un índice compilado por Adobe Analytics, una consultora, el gasto en línea de los consumidores norteamericanos fue 76% más alto en junio que en el mismo mes en 2019, y 55% más alto en julio. El fraude en el comercio minorista ha aumentado de manera similar. Hasta el 30 de junio, la Comisión Federal de Comercio de EE.UU. había recibido casi 140.000 denuncias desde el comienzo del año, casi tantos como en todo el año 2019. Y había recibido más de 570.000 denuncias de robo de identidad, casi tantas como en todo el año pasado, ya que los delincuentes se aprovecharon de la crisis económica y de la ansiedad general de la gente por la pandemia para estafar utilizando su información personal, números de tarjetas de crédito y detalles bancarios.

El principal método de ataque de los delincuentes contra las personas ha sido el covid-19 relacionado con el phishing por correo electrónico, en el que se utilizan empresas legítimas, a menudo bancos o empresas de tarjetas de crédito, para engañar a las personas y conseguir que entreguen sus logins, contraseñas o información financiera. En los últimos meses han proliferado los correos electrónicos que pretenden ser del gobierno y de las autoridades sanitarias, y que afirman proporcionar información y ofrecer recomendaciones sobre la pandemia.

A menudo relacionado con los ataques de phishing, la proliferación de sitios web fraudulentos y dominios maliciosos se ha convertido en un problema generalizado. En junio, el Grupo Especial Mundial sobre Dominios Maliciosos de la Interpol identificó y analizó más de 200.000 sitios de ese tipo registrados recientemente. Éstos afectan a más de 80 países y, al igual que los mensajes de correo electrónico de suplantación de identidad, suelen estar diseñados para imitar sitios web públicos oficiales, portales gubernamentales, bancos y las autoridades tributarias y aduaneras. Utilizan la familiaridad de las organizaciones de confianza para robar la información personal de las personas o para cobrar por bienes, servicios o planes gubernamentales inexistentes.

Sin embargo, la división de ciberdelincuencia de la Interpol informa de que, a medida que la pandemia ha ido avanzando, las redes delictivas han ido cambiando sus objetivos, dejando de lado a los individuos y las pequeñas empresas, focalizandose en las grandes empresas, los gobiernos y las infraestructuras críticas. Un instrumento particularmente perturbador ha sido el ransomware (la exigencia de dinero para la devolución de los datos) que ataca la infraestructura de empresas, organismos gubernamentales, hospitales y centros médicos ya abrumados por la actual sobredimensionada crisis sanitaria.

Las instituciones a menudo se ven obligadas a pagar grandes rescates, ya que estos ataques se implementan estratégicamente para maximizar la interrupción de la continuidad operativa de las empresas. Por ejemplo, el mes pasado Garmin, empresa fabricante de relojes inteligentes, fue obligada a pagar un rescate. Y la semana pasada Canon, un fabricante de cámaras, sufrió el robo de 10 terabytes de datos privados, los cuales están en manos de un grupo criminal conocido como Maze. Según se informa, Canon se ha negado hasta ahora a negociar.

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