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Transferencia tecnológica: ¿Chile cuándo?

  • Si bien la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología es un avance, expertos coinciden en que es urgente que se tome como una política pública prioritaria en la que se diseñen y ejecuten programas de ciencia, tecnología, innovación e investigación que no sólo se queden en el mundo de la academia, sino que tengan un real impacto en la economía.

Santiago, Chile. 21 junio, 2019. Desde finales del Siglo XX, la humanidad se ha estado enfrentando a varios desafíos globales. El avance de la tecnología en las últimas tres décadas ha sido gigantesco y además, se ha convertido en una pieza vital para dar soluciones de relevancia a las sociedades. Varios países han apostado por el desarrollo digital como motor de cambio e innovación. Sin embargo, Chile sigue aún al debe con los modelos de crecimiento, los que todavía no se fortalecen.

Según datos de OCDE, nuestro país es el miembro que menos invierte en I+D (Investigación y Desarrollo) con sólo un 0,36%, una cifra preocupante si consideramos que el promedio es de un 2,4% y el máximo aportado es de 4,2% por Israel, país que apostó a ser el centro tecnológico del mundo.

“La ciencia, la investigación, la innovación, transferencia y difusión tecnológica son la base esencial del crecimiento de la productividad en el mediano y largo plazo. Países como Israel y Estonia así lo han entendido. Específicamente Israel que basa su economía en la exportación de tecnología y hoy concentra un gran número de startups en diferentes verticales donde nuevas empresas con base tecnológica están cambiando mercados en todo el mundo”, afirma Andrés Cargill fundador y CEO de Soluciones Orion y miembro de G100.

La transferencia tecnológica, es el “ecosistema” de transmisión de conocimientos entre el mundo científico y tecnológico con empresas y Estados, los que desarrollan soluciones para la sociedad civil como principal beneficiario. Este conducto regular en países desarrollados está marcando diferencias sustanciales entre ciudadanos de un país con otro, los que se educan en sociedades con valores agregados a su educación.

“Fomentar la incorporación del Estado y organismos públicos y privados en I+ D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) es un requisito en los tiempos actuales, ya que si se quiere posicionar a Chile como un país desarrollado es necesario apostar por estas soluciones”, explica Martín Kozak country manager de InterSystems, quien además agrega que, “sin modelos de expansión y apoyo al conocimientos, difícilmente las sociedades pueden progresar en su crecimiento”.

¿Qué pasa con el emprendimiento?

Desde Fundación País Digital, indican que si bien, en los últimos años nuestro país ha estado impulsando incubadoras de Start Up para fomentar el desarrollo económico, esto sigue siendo insuficiente. El conocimiento no se está transmitiendo entre emprendedores por los canales correctos, ya que los actores relevantes en la transferencia tecnológica no están alineados, además de no tener presupuestos para impulsar proyectos.

“Es trascendental la aprobación de la ley de Transferencia Tecnológica, que permita incentivar y potenciar la generación de conocimiento buscando solucionar los problemas que genera esta transición, como por ejemplo, el impacto de la inteligencia artificial”, explica Ricardo Dorado director of growth de Fundación País Digital.

Dorado fue enfático también al señalar que “el trabajo que se realice en las grandes, medianas y pequeñas empresas, debido a que es necesario generar un cambio de mentalidad: la innovación es una inversión un recurso que permite el crecimiento, no un gasto”.

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Un sistema tributario para Chile

Santiago, Chile. 21 junio, 2019. Chile, y especialmente sus emprendedores, se merecen un mejor sistema tributario. El actual no quedó bien hecho y, si bien se espera que con las discusiones en el Congreso, se le hagan mejoras, cabe ser majadero en aquellos dolores que para PYME y los más chicos, son importantes de subsanar.

Primero, el actual sistema tributario discrimina capital y trabajo. Al ser semi integrado resulta injusto: los socios de las empresas terminan pagando más impuestos que en el caso de que fueran empleados en una compañía. Existen emprendedores que viven de la renta de sus empresas, y que a pesar de estar en el tramo exento (por ganar menos de $ 652.766 mensuales), pasaron de pagar 0% a pagar 9,45%, misma tasa que le corresponde cancelar a un empleado que gana más de cinco veces el ingreso del emprendedor. Es así, como el régimen semi integrado, resultó ser desincentivo al emprendimiento.

Segundo, no fomenta la inversión. En el segmento PYME – cuya mayoría está en el sistema atribuido- considera renta para sus socios, el total de sus utilidades, hayan sido o no distribuidas. Esto desincentiva la re inversión y provoca que muchos emprendedores deban endeudarse para pagar impuestos por dineros que nunca retiraron.

Tercero, es discriminatorio. Los cortes para definir las obligaciones tributarias de las empresas son hechos en base a ventas, a pesar de que éstas no guarden relación directa con sus utilidades. Junto con esto, el monto mismo, también es discrecional, desconociendo que la realidad de una PYME de UF 50.000 no es distinta a la que vende UF 51 mil o más.

Cuarto, discrimina por tipo de sociedad. Esto, porque en el segmento PYME, al ser éste un régimen atribuido (es integrado, pero funciona bajo atribución) admite solo algunas estructuras societarias dentro de sí. De hecho, ésta es una de las principales causas – junto con la traba que obliga a pagar el FUT; y su condición de permanencia mínima de 5 años- de por qué el 97% de PYMEs que el Gobierno anterior esperaba que ingresaran al régimen 14 Ter, resultó más cercano al 28%.

Por último, no basta con tener un sistema tributario favorable para empresas chicas. No nos olvidemos que la mayoría de los emprendedores y PYMEs sueñan algún día con ser grandes.

Es increíble que en el año 2019 todavía tengamos un sistema tributario que castiga la inversión, que le hace zancadillas a quienes arriesgan estabilidad laboral y capital propio para emprender; y que castiga el tamaño pequeño de una empresa que quiere crecer. Chile necesita un sistema tributario que favorezca la inversión y que nos devuelva la satisfacción de sentir que crecemos como país. Pero por sobre todo, necesita un marco que propicie el “hacer empresa”. Este será el único seguro que nos otorgará un tejido empresarial flexible, con opciones laborales que amortigüen los desafíos del mañana.