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The Courage to Act

Ben Bernanke - The Courage To ActNueva, York. 9 octubre, 2015. Las memorias de Ben S. Bernanke, que sucedió a Alan Greenspan como presidente de la Reserva Federal, son lectura obligatoria para cualquier persona que desee saber exactamente lo que sucedió en la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto del 5 de agosto de 2008. O en cada una de las muchas reuniones del Comité Federal de Mercado Abierto desde 2006 a 2014, años en los que Bernanke fue presidente.

Sí, el libro es un poco arido, pero es sin duda el mejor recuento de cómo el gobierno y las instituciones financieras lidiaron con lo que hoy conocemos como la Gran Recesión. Es un término extraño, ¿no? Invoca comparaciones con la Gran Depresión y al mismo tiempo sugiere que: «Bah, no fue tan gran. No fue una depresión ni nada parecido». Pero Bernanke es persuasivo en su argumento de que (a) fue realmente muy grande (es decir, terrible) y (b) que él y sus colegas de la Fed se merecen el crédito por el hecho de haber logrado de que no fuese mayor.

Bernanke, ex profesor de Economía de Princeton, también se merece el crédito por su mayor apertura – o, como se dice ahora, «transparencia» – en la notoriamente secreta Reserva Federal. A Alan Greenspan le gustaba cultivar un cierto aire de misterio. Bernanke, como presidente de la Fed, realizaba cuatro conferencias de prensa al año. La falta de aliento con la que Bernanke describe este desarrollo – cuatro conferencias de prensa al año! – involuntariamente demuestra su punto.

Tal como el propio Bernanke cuenta la historia, quizás llegó a disfrutar demasiado de la corona. Hay demasiadas frases como: «Después, mi equipo de seguridad y yo pasamos a dejar a Larry Summers en su hotel». Al mismo tiempo, hay muy pocas frases que contienen las palabras «Larry Summers», las que son por lo general una garantía de controversia interesante.

Si no puede percibir a los jugadores sin un programa, Bernanke nos hace leer entre líneas para que sospechemos que a él, por ejejmplo, no le agrada Sheila Bair, presidenta de la FDIC. «Ella puede ser concientemente peleadora y es un poco difícil trabajar con ella», escribe, «pero tampoco podría dejar de admirar a regañadientes su energía, su perspicacia política en la búsqueda de sus objetivos y su habilidad para manejar a la prensa».

Ahora que tiene una memoria para distribuir, Bernanke puede que lamente su aparente – y aparentemente sincera – política de tener una palabra agradable para todo el mundo. Por ejemplo, ha cambiado tardíamente de opinión acerca de los banqueros con un mal comportamiento, sobre si deberían haber ido a la cárcel; en entrevistas recientes ha dicho que está deacuerdo, aunque no hay mucha evidencia de ello en el libro. Y cuando Bernanke decidió renunciar («Más de una década en la olla a presión de Washington fue suficiente»), el presidente Obama le pidió su consejo sobre su reemplazo. Bernanke escribe: «No quise influir demasiado en su elección, ya que mi apoyo por cualquier candidato podría haber sido fácilmente malinterpretado como oposición hacia otros». Ya que soy hay un presidente de la Fed (o presidenta), el apoyo a un candidato hace, que trágicamente, la oposición se manifieste a todos los demás. Bernanke nunca dijo por quien se inclinó, pero uno tiene la sensación que su candidato no fue Summers.

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