Santiago, Chile. 13 mayo, 2016. En estos primeros meses de 2016 los mercados en Latinoamérica han marcado retornos positivos en términos absolutos y relativos. Esto parece ser un alivio después de los últimos cinco años que han sido complicados para los inversionistas en las bolsas latinoamericanas y chilenas, pero no hay que engañarse, ya que este aparente alivio se convierte en un error de cálculo cuando uno mira lo profundo de las caídas en los últimos cinco años.

Para graficarlo bien, si usted hace cinco años hubiese invertido en acciones la suma de US$ 1.000 en el índice de la bolsa norteamericana S&P 500, al cierre de marzo 2016 tendría US$ 1.719,1, es decir, hubiese ganado 71,9%. Si esta inversión hubiese sido en el índice de la bolsa chilena IPSA, tendría US$ 608,8, es decir, hubiese perdido 39,1%, y en Latinoamérica los US$ 1.000 solo serían US$ 549,7, perdiendo 45% de su inversión inicial. Es decir, a pesar del rebote, la pérdida de valor absoluto y relativo a otras alternativas, ha sido notable. Esta diferencia es difícil de recuperar para un inversionista que estuvo sobreponderando esta clase de activo en su política de inversiones.
Tratando de buscar los factores de estas diferencias y analizando el punto de partida hace cinco años, uno podría enumerar que la valorización era muy favorable para las acciones latinoamericanas, que los commoditties estaban a precios altos, que el crecimiento económico estaba garantizado, que en los portafolios globales Latinoamérica estaba muy sub-representada, que China estaba “a plena máquina”, que en Latinoamérica los gobiernos e institucionalidad funcionaban, y que los gobiernos eran pro-mercado.
Buscar explicaciones ex post luego de estos cinco años de divergencia en retornos pareciera ser bastante fácil, ya que todos los factores anteriores no se dieron. Pero la pregunta es qué pasará de aquí en adelante y si existirá algún tipo de reversión a la media donde las acciones chilenas y latinoamericanas medidas en dólares se recuperen.
Todo parece indicar que lo ocurrido estos primeros meses de 2016 no es más que un veranito que se disipará cuando la Fed dé indicaciones más claras de alzas de tasas, teniendo en cuenta los buenos datos de empleo y alta inflación en EE.UU., pero sobre todo el veranito debería acabar cuando China vuelva a un modelo más sostenible de crecimiento, baje su nivel de endeudamiento y siga con su cambio de modelo económico.
Al mirar el vaso medio lleno y pensando en proyectar lo ocurrido, uno puede percibir señales positivas, como que los commodities han dejado de caer, que las empresas vienen mejorando sus eficiencias al reducir costos y las recientes elecciones pro-mercado en países vecinos. Según las proyecciones de crecimiento del FMI, pareciera que lo peor de las caídas o desaceleraciones de crecimiento en Latinoamérica terminará en 2016, y como ya es difícil caer más, el 2017 debería haber un rebote.
Para aumentar las inversiones en acciones de Latinoamérica de forma más estructural en un portafolio uno debería esperar aspectos de cambios más permanentes, como por ejemplo las elecciones ocurridas en nuestros países vecinos, mejoras en las confianzas empresariales o una China más ordenada.





