La revolución de la Internet de las Cosas

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  • Se estima que tendremos más de 20.000 millones de unidades de automóviles, electrodomésticos e incluso ropa conectados hasta 2020.

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Madrid, España. 11 agosto, 2016. Creada en la década de 1960, en Estados Unidos, inicialmente como una red de computadores con fines militares (conocida entonces como Arpanet), Internet ha evolucionado popularizándose de forma avasalladora en las últimas décadas. Según datos de la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), ya somos más de 3.000 millones de personas conectadas a esa red mundial.

Más que un fenómeno tecnológico, Internet ha demostrado ser un fenómeno comportamental. Ha revolucionado, por ejemplo, la forma en la que nos comunicamos con los demás (un buen ejemplo de ello son las redes sociales como Facebook y las aplicaciones de mensajes como WhatsApp) y la forma en la que recibimos la información, escuchamos música e incluso consumimos productos. El e-commerce, de hecho, vive una explosión – se espera que pase de US$ 1.500 millones registrados en 2015 solo en el mercado minorista a US$ 3.600 millones en 2019, según datos de la consultoría eMarketer.

Mucho mas allá del PC y del smartphone

¿Parece mucho? Pues sepa que una nueva revolución relacionada con la conectividad ya está sucediendo: la llamada “Internet de las Cosas” (IoT). El término se refiere a la diseminación de sensores en los más diversos dispositivos y productos (de ropa a electrodomésticos, pasando por máquinas industriales e incluso collares para perros) que se conectan a la red mundial de computadores enviando información. ¡En 2020 tendremos más de 20.000 millones de dispositivos conectados a Internet, según las estimaciones de la consultora Gartner!

LLORENTE CUENCA - revolucion internet - IoT

Y ¿cómo cambia esto la vida de los consumidores y de las empresas? En el caso del usuario, tendrá a su disposición productos más eficientes que facilitarán su vida en varios aspectos. ¿Quiere un ejemplo práctico de la Internet de las Cosas? En varios países ya es posible saber, con una aplicación para smartphone, dónde está el autobús que quieres tomar, para así llegar a la parada solo unos minutos antes de que el vehículo pase. Ya basta de perder el tiempo esperando, ¿no crees?

Otro ejemplo popular de la llamada IoT (del inglés Internet of Things) es la aplicación Waze. Basta con conectar su smartphone para, gracias a una red con millones de usuarios en todo el mundo -que ofrecen información en tiempo real sobre la posición y velocidad de desplazamiento, entre otras-, saber cuál es el mejor camino a seguir e incluso cuánto tiempo será necesario para llegar a su destino.

En el ámbito de los wearables (dispositivos que funcionan como pequeños computadores conectados al cuerpo o incluso introducidos en la ropa), ya es posible encontrar pulsera, relojes inteligentes y aplicaciones que registran información sobre la salud del usuario y sobre actividades físicas. Sincronizados con Internet, estos dispositivos funcionan como un entrenador personal virtual, e incluso registran el historial de resultados del portador. Por su parte, la empresa francesa Cityzen Science ha ido un paso más adelante al crear la D-Shirt, una camiseta que incluye en su tejido sensores que miden la frecuencia cardíaca del usuario, con un sistema GPS que monitoriza el recorrido y envía los datos en tiempo real a la llamada “nube”.

Big data

Las empresas, además de la oferta de productos cada vez más innovadores, tendrán a su disposición un volumen de información sobre sus clientes nunca visto – lo cual es oro puro para quien sepa valorarlo. Estos sensores esparcidos por el planeta producen datos esenciales sobre hábitos de consumo y preferencias que van alimentando el llamado Big Data. Cabrá a las compañías analizar de forma inteligente ese conjunto de información y transformarlo en ventaja competitiva, creando productos más adecuados a las necesidades de los usuarios. Quien no cuente con este tipo de herramientas tiene muchas posibilidades de quedarse atrás.

Gigantes de la industria y del e-commerce ya se han dado cuenta de esto, y cuentan con iniciativas en esta área para acercarse cada vez más a sus clientes. La minorista online Amazon, por ejemplo, trabaja con socios como GE en el desarrollo de dispositivos que permiten automatizar el sistema de compras. Con esta tecnología, productos como las lavadoras o impresoras avisarán a las tiendas de que el stock se está acabando, permitiendo la compra y el envío automático de productos por parte de los minoristas online.

Además de esa interacción facilitada con el consumidor final, la IoT promueve una revolución en las líneas de producción, con las máquinas conectadas entre ellas y facilitando datos en tiempo real, tendencia a la que se ha bautizado como Industria 4.0.

En ella es posible, con el uso de sensores, monitorizar todas las etapas de producción, realizando el seguimiento del ciclo de vida del producto, desde la concepción hasta el uso. En esta industria del futuro se informa automáticamente sobre cualquier problema identificado en la fabricación, con un ritmo más rápido y eficiente, y resolviéndose sin interferencia humana.

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