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Jue, 8 diciembre, 2022
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Doce países acuerdan el Tratado Libre Comercio del Pacífico

EE.UU. 13 octubre, 2015. Mientras los lobbies siguen avanzando para aprobar el TTIP (Tratado de Libre Comercio Atlántico) ya tenemos a una docena de países o más bien de corporaciones de estos países que han acordado el TTP (Tratado de Libre Comercio Transpacífico) en el que participarán EE.UU., Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam culminando así 5 años de negociaciones en los que aún no se sabe muy bien que es lo que se ha negociado. Queda pendiente la ratificación del texto por parte de los Congresos de los respectivos países.

Obviamente el acuerdo del TTP será vendido cómo una maravilla que beneficiará directamente al bienestar de los ciudadanos de estos países, Obama no ha tardado en ensalzar las bondades del acuerdo, “esta asociación nivela el campo de juego para nuestros granjeros y fabricantes eliminando más de 18.000 impuestos con los que diversos países gravan nuestros productos”. “Cuánto más vendamos fuera, más trabajos altamente remunerados sostendremos en casa y esos empleos tienden a pagar mejor a los estadounidenses, puesto que las empresas exportadores pagan un 18% más que las que no lo hacen”. “Cuando un 95% de nuestros consumidores viven fuera de nuestras fronteras, no podemos dejar que países como China dicten las reglas de la economía global”.

TTP - Tratado de Libre Comercio Transpacifico

Sin embargo, no lo ven tan claro economistas de la talla de Joseph E. Stiglitz: El mayor acuerdo de comercio de la historia no es lo que parece. He escuchado muchas veces la importancia que tiene el TPP para el libre comercio. La realidad es que estamos ante un acuerdo para gestionar el comercio y las inversiones entre sus países miembros en beneficio de los lobbies más poderosos de cada país. El TPP no es un acuerdo sobre el libre comercio.

Nueva Zelanda quiere el TPP para beneficiar su industria láctea, Australia no está contenta en cómo EE.UU. y México manejaban el comercio del azúcar, EE.UU. no está contenta en cómo Japón quiere tratar el comercio del arroz. Cada uno de los países tienen detrás importantes industrias que amenazaban con bloquear las negociaciones.

Entre otros el acuerdo permitirá a las farmacéuticas expandir en el tiempo la caducidad de sus patentes. Investigaciones económicas nos muestras claramente que la promoción de la investigación en la que se escudan los que buscan la protección intelectual prolongada de sus desarrollos es en el mejor de los casos débil. De hecho la evidencia nos muestra lo contrario. Cuando la Corte Suprema invalidó la patente de Myriad en el gen BRCA se disparó la innovación al respecto obteniendo mejores resultados y menores costos. Las provisiones contempladas en el TPP lo que hacen es restringir la competencia y aumentar los precios para todos los consumidores del mundo, una anatema al libre comercio.

El TPP va a permitir que la industria farmacéutica siga construyendo sus monopolios basados únicamente en la protección que le otorga las patentes manteniendo fuera del mercado la competencia de medicamentos genéricos y bloqueando la introducción de medicamentos de biosimilares.

El TPP y el TTIP con Europa buscan también crear una supra justicia por encima de los Estados. El objetivo es replicar el sistema creado por la industria del Tabaco en los EE.UU. que bajo acuerdos concretos para resolución de conflictos buscó crear un paraguas para proteger a esta industria contra las regulaciones de los Estados destinadas a combatir el flagelo del tabaco en la salud.

Bajos estos acuerdos de resolución de conflictos las empresas podrán tener el derecho de acudir a tribunales de arbitraje privados para exigir compensaciones a los países que regulen contra sus intereses y cuyas regulaciones reduzcan sus expectativas de beneficios.

Proteger a la empresa privada es necesaria para fomentar la inversión cuando los Estados carecen de sistemas judiciales fiables. Pero el argumento es una estupidez cuando se busca imponer este mecanismo de resolución de conflictos sobre un sistema judicial de calidad como el Europeo o el Japonés. Una cosa es proteger la inversión extranjera contra la expropiación arbitraria y otra muy distinta obligar a compensar a las empresas cuando se les aplica una regulación para evitar que causen daño los ciudadanos de un país.

Aún a día de hoy Philip Morris International tiene demandas abiertas contra Australia e Uruguay porque estos países regularon que las cajetillas de tabaco debían llevar advertencias sobre el impacto que tiene fumar sobre la salud. Bajo la nueva supra justicia que quiere establecer el TPP y el TTIP los países deberían indemnizar a las compañías tabaqueras si estos países deciden introducir nuevas advertencias en las cajetillas de tabaco.

Esta nueva supra justicia complicará mucho la acción de muchos gobierno para llevar a cabo funciones básicas cómo la de proteger la salud de sus ciudadanos, proteger el medioambiente o asegurar la estabilidad económica.

Imaginen que hubiera ocurrido si está supra justicia hubiese entrado en acción antes de que se descubrieran los efectos letales de los asbestos. En lugar de cerrar las fabricas de estos materiales y forzar a que indemnizaran a la víctimas serían los estados los que tendrían que haber indemnizado a los fabricantes por matar a sus ciudadanos. El Estado y sus ciudadanos pagarían dos veces. Primero con los muertos y los costos sanitarios y después para indemnizar a los fabricantes que utilizan asbestos en sus materiales por las pérdidas ocasionadas por regular el uso de un material peligroso.

Estas incongruencias son las que suelen resultar cuando un acuerdo se hace a espaldas de la luz pública y es dirigido casi exclusivamente por lobbies. Ahora una vez que los lobbies de diferentes países han llegado a un acuerdo tras 5 años de negociaciones este será puesto sobre las mesas de los congresistas de cada país para que en su desconocimiento y en tiempo exprés lo ratifiquen.

¿Qué es el Acuerdo de Asociación Transpacífico?

Conocido como el TPP, por sus siglas en inglés, este acuerdo establece un nuevo marco de libre comercio entre una docena de países de la región, liderados por Estados Unidos y Japón. Las otras naciones implicadas son Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Todos ellos acordaron este lunes un nuevo marco arancelario que afecta a varias industrias, como la farmacéutica, la automovilística o la textil, y que establece algunas de las normas laborales y regulaciones medioambientales más ambiciosas hasta ahora.

¿Por qué es importante?

Se trata del acuerdo regional más amplio de la historia y une bajo un mismo mercado al 40% de la economía de bienes mundial. El TPP representa el pacto más importante desde 1993, cuando EE.UU., Canadá y México firmaron el Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN). Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur empezaron a negociar a comienzos de este siglo y en 2008 se unió EE.UU. El presidente Obama lo convirtió en una prioridad de su mandato con el objetivo de proteger los intereses estadounidenses en la región y ha logrado sumar a un total de 11 naciones.

¿Geopolítica o economía?

A pesar de que todas las líneas del acuerdo afectan a intercambios comerciales y de información, también tiene importantes consecuencias políticas a escala internacional. EE.UU. ha perseguido este acuerdo con el objetivo de frenar el poder de China en la región. Obama aseguró que cuando el 95% de los posibles consumidores de EE.UU., viven en el extranjero, “no tiene sentido que China escriba las reglas comerciales”. El TPP abre las puertas de nuevos mercados a los productos ‘Made in América’ y las economías locales deberán competir con bienes importados.

¿Por qué es polémico?

Tras más de cinco años de negociaciones secretas, el TPP ayuda a reducir impuestos en hasta 18.000 productos de EE.UU. en las economías de la región, por lo que los fabricantes estadounidenses tendrán más fácil competir en el extranjero. Pero además de los aranceles comerciales, Washington ha impuesto un nuevo plazo en la exclusividad de las fórmulas empleadas para crear medicamentos para tratar enfermedades como el cáncer. Los detractores del acuerdo aseguran que si se amplían los plazos de exclusividad, que impiden que otras casas farmacéuticas investiguen con la misma información para crear medicamentos genéricos, subirán los costos y dejarán los tratamientos fuera del alcance de los ciudadanos en las naciones más pobres.

¿Qué tiene que ver el TPP con Internet?

La Casa Blanca asegura que el acuerdo promueve la innovación, obliga a eliminar leyes de censura y contribuirá al crecimiento de los nuevos mercados gracias a reglas que facilitan el comercio a través de la Red. El sector es, además, una de las principales promesas de crecimiento para EE.UU. Washington, que cumplirá su promesa de abrir Internet en Vietnam, alega que el TPP protegerá la libre circulación de datos a través de la Red y el acceso a la información digital sin barreras y de bajo costo. El acuerdo elimina la obligación, por ejemplo, de que una persona o empresa deba alojar sus datos en el extranjero como condición para entrar en el mercado de otro país.

¿Por qué preocupa a los sindicatos laborales?

A pesar de que Washington defiende que el TPP establece los “más altos estándares laborales” a las naciones implicadas, los principales sindicatos han criticado tanto el secretismo de las negociaciones como lo que consideran concesiones problemáticas que solo beneficiarán a las grandes corporaciones. El pacto abarca desde el derecho de los trabajadores a crear un sindicato hasta requerimientos de seguridad, salario mínimo, límite de horas trabajadas o protecciones contra la discriminación.

La relación comercial entre la UE y EE.UU., en estado crítico

La protección de datos quedó excluida de las negociaciones sobre el crucial tratado de Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) que la Unión Europea y Estados Unidos pretenden cerrar a finales de 2016. La sentencia del tribunal de justicia de la UE, por la que se considera que EE.UU. no protege debidamente los datos personales de los europeos, empaña el débil estado de las negociaciones.

“La Comisión [Europea] considera que la protección de datos es un derecho fundamental y por ese motivo no está incluido en el TTIP”, detallaron fuentes del Gobierno de la UE cercanas a las negociaciones.

Bruselas siempre ha considerado la protección de los datos de los más de 500 millones de ciudadanos europeos como una “línea roja” en las negociaciones con EE.UU. pero indirectamente sí podría afectar a un acuerdo que abarca casi todos los ámbitos comerciales y que ya de por sí se encuentra en una especie de permanente punto muerto.

En cada contrato de comercio electrónico —que sí forma parte de uno de los capítulos del macrotratado— existe necesariamente un intercambio de información personal, explican los expertos consultados. En este aspecto, el Gobierno de la UE aclaró ayer que el intercambio de datos “está y seguirá estando justificado en determinadas circunstancias” como en caso de accidente en EE.UU. y la necesidad de acceder al historial médico de una persona, o la reserva por Internet en un hotel. Sin embargo, lo que Bruselas no termina por aclarar es el trato que a partir de ahora tendrán los gigantes tecnológicos y especialmente las redes sociales —como Twitter o Facebook— a raíz del fallo. ¿Sigue siendo justificable la transmisión de datos para las redes sociales? Bruselas no responde a esta pregunta.

A simple vista, el brazo ejecutivo de la UE no considera la protección de datos un capítulo en la negociación del TTIP aunque, como explica Susan George, presidenta del think tank Transnational Institute de Amsterdam, “nunca se sabe lo que verdaderamente se negocia entre los dos bloques”.

La falta de transparencia ha sido uno de los puntos débiles que rodean las negociaciones entre la UE y EE.UU. y que la actual comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, ha querido atajar con más o menos éxito. “Ha habido muchas filtraciones recientemente”, revela una fuente con acceso directo al contenido del tratado. Pero el experto en seguridad y protección de datos Lorenz Krämer opina que aunque ahora Bruselas esté en una posición de fuerza, EE.UU. hará “mucha presión” para incluir cláusulas de excepción a la protección de datos en el TTIP.

Que la UE excluyera la protección de datos del TTIP, gracias a la lucha casi personal de la excomisaria de justicia Viviane Reding no quiere decir que se desentendiera de ella. En 2013, a consecuencia del escándalo del espionaje masivo por parte de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, Bruselas —que entonces consideraba a EE.UU. como puerto seguro— dio un golpe encima de la mesa y pidió renegociar con EE.UU. las normas en la protección de datos para ponerlas bajo un marco mucho más estricto. “Seguimos en ese camino”, explicó ayer Jourova, que subrayó que la norma estará lista a mediados de 2016. “El hecho de considerar durante 15 años a EE.UU. como un puerto seguro era defectuoso desde el principio y viciado en la práctica”, defendió ayer el director de European Digital Rights, Joe McNamee.

La relación comercial entre EE.UU. y la UE ya sea por materia de datos, como se vio respecto a Facebook; Competencia, como demuestra el pliego de cargos que la Comisión presentó contra Google el pasado abril; o por el fraude en la manipulación de emisiones de vehículos diésel, como demostraron las autoridades estadounidenses hace tres semanas con el caso Volkswagen, pende de un hilo y cualquier factor lo podrá desestabilizar.

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